martes, 24 de julio de 2007

LOS PARQUES NATURALES Y LA ECOLOGÍA


En Colombia hay 42 áreas naturales protegidas dentro del Sistema de Parques Nacionales Naturales, pertenecientes a varias categorías (2 Reservas Naturales; 33 Parques; 6 Santuarios de Fauna y Flora y un área única), con una extensión global superior a nueve millones de hectáreas - cerca del 9 % del territorio -, una de las más grandes del mundo en proporción al tamaño del país. Ello no debiera sorprender, si se tiene en cuenta que Colombia es también un caso del todo excepcional en materia de biodiversidad: Es el segundo país del mundo en especies vegetales (49.000 especies, frente a Brasil, que ocupa el primer lugar y alcanza 55.000, pero en un territorio siete veces más grande).


Colombia es todavía más notable en avifauna (l.754 especies, el 19.4% del total mundial, mientras Brasil alcanza el 17.62% y África entera el 15%).
Es también el más rico en orquídeas y palmeras, El segundo en anfibios, El tercero en reptiles.



Una concentración tan gigantesca de especies, que alcanza más del 10 % de la biota mundial en menos del uno por ciento del territorio, supone unas áreas de distribución relativamente pequeñas en muchos casos y un alto grado de endemismo, lo que hace más difícil protegerlas.



Hay que advertir, además, que los Parques tienen aquí una misión adicional a la de preservar la flora y la fauna silvestres, junto con los ecosistemas que las sustentan. En efecto, los Parques colombianos albergan en muchos casos las etnias indígenas que han sido sus ocupantes ancestrales. Obviamente, no solo el patrimonio biótico sino una parte importante del capital humano, del conocimiento y las formas tradicionales de manejo del bosque natural, más los antecedentes arqueológicos de uno y otro, están también allí.



Los 87 grupos indígenas que aún restan en Colombia, con algo más de medio millón de individuos, son los supérstite de unas trescientas etnias bien diferenciadas que habitaban el territorio hacia el tiempo de la Conquista Española. Así, muchos de los Parques son a la vez Resguardos Indígenas, sujetos a una legislación especial que da a las comunidades nativas manejo autónomo en un amplio nivel de decisiones, como ocurre en el Parque de la Sierra Nevada de Santa Marta, donde coexisten un Resguardo Kogui y otro Aruhaco. Otro ejemplo es Cahuinari, en el corazón de la región amazónica colombiana, donde conviven


Huitotos, Muinanes, Nanuyas, Mirañas, Boras, Yacunas y Andoques, los cu


ales recuperaron un territorio que prácticamente quedó vacío a raíz del genocidio perpetrado contra los recolectores del caucho a manos de los capataces de la "Casa Arana", del Perú. En otros casos, en fin, el Parque es sencillamente el territorio donde los nativos conservan su hábitat natural y obtienen su subsistencia.


(La inmensa riqueza natural del país constituye un serio problema. En Colombia hay conciencia de la responsabilidad que de allí se deriva, pero el Gobierno carece de medios para controlar todos los factores que conspiran contra la Naturaleza. La presión por la tierra y el ímpetu colonizador son el más grave, habida cuenta de que millones de campesinos no tienen propiedad rural ninguna. Así, a pesar de que existen una legislación ecológica avanzada, un trabajo serio de muchas instituciones oficiales y ONG consagradas el tema y una enorme superficie protegida, se dan también en el país circunstancias negativas muy graves, de casi catástrofe ecológica. Baste decir que Colombia pierde cien mil kilómetros cuadrados de bosques cada cinco años; y que empieza a sufrir seriamente problemas de sequedad del suelo y escasez de agua, no obstante pertenecer a una de las tres áreas más ricas del mundo en ríos y quebradas, y de tener un territorio cuyas cuatro quintas partes reciben precipitaciones entre 3.000 y 7.000 m.m. cúbicos anuales.)



Sea lo que fuere, los Parques son, en todo caso, un instrumento formidable de conservación del patrimonio genético, una oportunidad única de aprendizaje y además, un activo turístico inestimable. A partir de l.992 se inicia un plan para aprovecharlos con fines ecoturísticos, por lo cual los interesados en esta materia deben complementar la información de la Guía con otras novedades que pueden ocurrir muy próximamente. (Tomar contacto con el Ministerio del Medio Ambiente -hoy a estudio del Congreso- y con las Corporaciones Regionales.) Por lo pronto, a lo largo de los textos hemos mencionado más de una docena de Parques Naturales y dos Santuarios abiertos al turismo ecológico. Tales son: "Katíos", en Urabá; "Flamencos", en la Guajira; "Corales del Rosario", en Cartagena; "Sierra Nevada" y "Tayrona", en Santa Marta; "Parque de los Nevados", en el Circuito Cafetero; "Iguaque" y "Cocuy", en Boyacá; "Tuparro", en la Orinoquía; "Amacayacu" y "Cahuinari", en la Amazonía; "Isla Gorgona", en el Pacífico; "Farallones", en Cali; "Puracé", en conexión con Popayán y "Chingaza", cercano a Bogotá. Cada uno de ellos tiene alguna información ampliada en el capítulo correspondiente.




En general, se trata de Parques que administran por lo menos un centro de visitantes (un lugar de recepción con información y ayudas básicas, elementos didácticos y guianza). Suelen contar también con cabañas o algún tipo de alojamiento rústico, donde la tarifa por persona es apenas del orden de seis dólares la noche, más el estipendio de entrada al Parque (uno o dos dólares). Si no hay montaje expreso para alojamiento, probablemente habrá alguna posibilidad de camping, aún más económica. Con frecuencia hay restaurante o alguna facilidad para preparar alimentos.



Las visitas deben hacerse con previa reserva (hoy en día en Inderena-Bogotá, División de Parques Nacionales, tel. 2832598).
Con respecto a los Parques selváticos en zonas bajas conviene tomar algunas precauciones, como vacunarse contra fiebre amarilla y antitétanos; ingerir preventivos antimalaria con alguna anterioridad al viaje; cargar buena provisión de repelentes de insectos, suero antiofídico polivalente y un antidiarreico; no portar mucho peso (lleve carpa sólo como último recurso), limitando el equipaje a ropa fresca, holgada y que cubra todo el cuerpo, botas de caucho, zapatos tenis y una linterna.



Finalmente, hay un reglamento de conducta dentro de los Parques que enfatiza la prohibición de llevar licores; la de extraer material vegetal o animal de cualquier clase; y la obligación de llevarse consigo la basura no biodegradable, y de no hacer ruido.



Fuera de los Parques de la lista de arriba, quedan otros casos de muchísimo interés, varios de ellos también mencionados tangencialmente, pero en relación con los cuales hay dificultades mayores de acceso o menor equipamiento para visitantes.

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